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Iluminación navideña

La ciudad de Madrid, en las Navidades de 2004, albergó por primera vez una iluminación navideña diferente a la tradicional fruto de la participación de artistas y diseñadores a los que se convocó para que diseñaran una iluminación especial en determinados tramos de la ciudad.

Ese año había sido el de los atentados terroristas de la estación de trenes de Atocha y Manuel Estrada consideró que no había mejor forma de celebrar esa fecha que con palabras que dijeran “paz” de la manera más ecuménica posible, para todos, en 35 idiomas distintos. Esta instalación que se instaló en la zona entre la Plaza de Cibeles y la calle Alcalá, y otra que se ubicó en el Paseo de la Castellana, de cuño más libre, dieron lugar a cierta polémica entre los ciudadanos de Madrid porque rompía con el estilo navideño habitual. Sus creadores defendieron en distintos debates la nueva decoración y a partir de entonces los madrileños han aceptado que se puede hablar de otra manera de la Navidad.