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Nuestro Estudio es el responsable del rediseño de la colección de títulos de Bolsillo de Alianza Editorial, entre los que se encuentra esta edición especial de la obra de Tahar Ben Jelloun.

 

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El grupo editorial Santillana, acaba de cumplir 50 años y como regalo institucional ha editado una versión ilustrada de “El viaje del elefante”, una de las últimas obras del escritor y premio Nobel, José Saramago.
Manuel Estrada es el autor de las ilustraciones y del diseño del libro, compuesto enteramente con la tipografía Berkeley Book.

 

 

 

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El libro, traducido al castellano por la mujer del escritor, Pilar del Río, fue presentado en la casa de América de Madrid y está ya a la venta en librerías.

 

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Ilustraciones en la pared del estudio

 


El Estudio de Manuel Estrada es autor de un logo, un libro y 12 carteles tipográficos en homenaje al poeta Miguel Hernández en su primer Centenario. Edición y proyecto de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y de la SECC, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales. La Carpeta y los carteles se distribuyen en todas las Bibliotecas Públicas españolas.

 

 

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La fotografía de una pared escrita para este cartel sobre un poema acerca de la pena. Un poema sombrío. Arañado sobre la pared gris. Escrito con la punta de una navaja que arranca la pintura y deja ver el yeso blanco del alma de la pena que no calla como el perro fiel e inoportuno.

 

UMBRÍO por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!

El rayo que no cesa
1934-1935




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Este vientre no es confuso ni fugaz. Es triangular y concreto. Habita en el centro de la superficie verjurada del papel sobre el que la vieja máquina de escribir facturas ha dibujado el triángulo central de este poema de amor.

 

MENOS tu vientre
todo es confuso.

Menos tu vientre
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.

Menos tu vientre
todo es oculto.
Menos tu vientre
todo inseguro,
todo postrero
polvo sin mundo.

Menos tu vientre
todo es oscuro,
menos tu vientre
claro y profundo.

Cancionero y romancero de ausencias
1938-1941





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CANCIÓN ÚLTIMA

PINTADA, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.

Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.

El hombre acecha
1937-1939




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El viento hace ondear la primera estrofa de este poema. Escrito para servir de bandera a un pueblo que no era un pueblo de bueyes ni ahora es un pueblo de televidentes. Sino un pueblo de leones y de lectores. Porque de eso hablan este poema y este cartel escritos en el mástil de una bandea que ondea, ahora sí, libremente.

 

VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN

VIENTOS del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto el huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpago
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
váis de la vida a la muerte,
váis de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros, de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.

La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

Viento del pueblo
1937




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Tres palabras solo. Tres palabras que lo llenan todo. Tres palabras que bastan para un cartel. Negras letras que se mezclan, se cruzan. Como en este poema formado por tres estrofas simétricas sobre el Amor, sobre la vida y sobre la muerte. Tres heridas que se completan, y se explican cuando están juntas, llenándolo todo, como llenan los tres mil quinientos centímetros cuadrados de este cartel.

 

LLEGÓ con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.

Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.

Cancionero y romancero de ausencias
1938-1941




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El pez más grande del río no necesita sacar la cabeza fuera del agua para respirar. El pez del cartel respira por la Zeta y necesita ponerse de pie para llenar el espacio y compensar la cola vacía con su sabiduría tipográfica.

 

El pez más viejo del río
de tanta sabiduría
como amontonó, vivía
brillantemente sombrío.
Y el agua le sonreía.

Tan sombrío llegó a estar
(nada el agua le divierte)
que después de meditar,
tomó el camino del mar,
es decir, el de la muerte.

Reíste tú junto al río
niño solar. Y ese día
el pez más viejo del río
se quitó el aire sombrío.
Y el agua te sonreía.

Cancionero y romancero de ausencias
1938-1941


 

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Dale al cartel para llenarlo. Dale nueve veces, pero dale una vez en rojo y en el centro. Será suficiente, tal vez, para que este poema de repetición alcance la cadencia perfecta de una secuencia matemática.

 

SILBOS

EL SILBO DEL DALE

Dale al aspa, molino,
hasta nevar el trigo.

Dale a la piedra, agua,
hasta ponerla mansa.

Dale al molino, aire,
hasta lo inacabable.

Dale al aire, cabrero,
hasta que silbe tierno.

Dale al cabrero, monte,
hasta dejarle inmóvil.

Dale al monte, lucero,
hasta que se haga cielo.

Dale, Dios, mi alma
hasta perfeccionarla.

Dale que dale, dale
molino, piedra, aire,

cabrero, monte, astro,
dale que dale largo.

Dale que dale, Dios,

¡ay!

Hasta la perfección.



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Este cartel es un cinco incompleto. El poema trata, inútilmente de completarlo, de escribir, con sus propias letras lo que le falta al cinco. Pero es inútil porque de nada le sirve al cinco ser un número de la buena suerte, remitir a la víspera del día de Reyes o tener un brazalete dorado con la onomástica del poeta si está vacío como las abarcas.

 

LAS DESIERTAS ABARCAS

POR el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraba los días
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras;
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me visitó la pobreza,
me lamió el cuerpo el río
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia las seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas
mis abarcas desiertas.

Poemas no incluidos en el libro (III)
1937-1939




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El cartel dibuja un olivo tipográfico que crece sobre el perfil del paisaje. Un paisaje formado por el propio poema que se inclina como la lluvia. Que impregna la tierra y la riega como el sudor de los jornaleros. El poema sube por el tronco, desde las primeras palabras de la primera estrofa, y va avanzando por las ramas más pequeñas hasta las hojas, que verdean con palabras y silabas de todos los versos.


ACEITUNEROS

ANDALUCES de Jaén
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos el agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

Viento del pueblo
1937




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Una mancha roja, letras que se agolpan en el ojo como las palabras en la garganta. Sin poder leerse, sin poder pronunciarse. Una mancha formada por las tres palabras más emocionantes de esta elegía por el amigo muerto “Compañero del alma”. Apenas la tilde de la eñe, la tilde de compañero flota sobre el nudo rojo, como rastro legible de ese dolor tipográfico, de toda esa tinta agolpada en el centro del cartel.


ELEGÍA

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería).

YO QUIERO ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos, mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

10 de enero de 1936

El rayo que no cesa
1934-1935




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Y la Y griega, inicial del yugo, de yunta, de yuntero, resultó ser un arado.
Un arado que nos permitió abrir surcos en el papel en el que previamente habíamos escrito una, dos, diez veces el poema.


EL NIÑO YUNTERO

CARNE de yugo, ha nacido
más humillado que bello.
Con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
resuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

Viento del pueblo
1937




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Dos ojos tristes y una triste boca. Como las lágrimas de este poema escrito, casi, con una sola palabra. Repetida en todas sus estrofas y que sirve para dibujar los rasgos de un rostro cualquiera. Porque la tristeza es común a todos los hombres, a todas las guerras y a todas las armas.


TRISTES guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.

Tristes armas
si no son las palabras
Tristes, tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.

Cancionero y romancero de ausencias
1938-1941




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Las cebollas hacen llorar a quien las pela. Como hace llorar este poema a quién lo lee y este cartel a quien, mirándolo, recuerda al padre escribiendo al hijo desde la cárcel. Como llora la tinta sobre el papel al expandirse, mezclada con las lágrimas. Tratando de salir de esta estrecha cárcel de apenas cincuenta por setenta centímetros. De apenas cuarenta años.


NANAS DE LA CEBOLLA

LA cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Cancionero y romancero de ausencias
1938-1941

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Edición de 300 libros de regalo para el comienzo del año 2009. Aunque la crisis se cernía sobre el mundo pensamos que la llegada de Obama a la Casa Blanca era un motivo de optimismo y esperanza por su discurso de cambio.

 

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El Estudio realizó el diseño de la traducción de una autobiografía de Obama para la Editorial Almed con una cubierta comercial en la que aparecía su fotografía. Para este obsequio se editó una adaptación de diseño tipográfico.

 

 

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Para obtener un ejemplar del libro contacte con nuestro Estudio.

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